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viernes, 12 de septiembre de 2008

Viaje a Nueva York: Buffalo y las Cataratas del Niágara

Sábado 14 de junio

Madrugamos y cogemos el metro hacia el aeropuerto, y allí un vuelo hacia Buffalo. Una vez allí nos damos cuenta de que hemos perdido el autobús que llevaba al centro y no pasa otro hasta dentro de unas dos horas, de modo que nos cogemos un taxi, que nos lleva hasta la calle de al lado del albergue (porque la propia calle es peatonal y no puede pasar). Dejamos nuestras cosas (aún no podemos subir a la habitación) y nos vamos corriendo a coger un autobús a las Cataratas. En la calle del albergue, que es la Main Street, no hay nadie y los negocios no están abiertos. Lo achacamos a que es sábado por la mañana...

En la parada de autobús (a la que llegamos asfixiados porque pensábamos que lo perdíamos) se dirigió a nosotros una señora. Nos dijo que cada vez que ella había estado en un lugar desconocido con un mapa o un horario de autobuses en la mano, alguien se le había acercado para preguntarle si necesitaba ayuda; y eso era lo que estaba haciendo ella. Nos explicó que los autobuses de Buffalo se retrasaban como norma, y nos recomendó el lado canadiense de las cataratas.

El recorrido en el autobús fue como una neblina surrealista (aunque nada comparado con el viaje de vuelta) en la que a un tipo negro con pinta de expresidiario se le caía la cabeza en mi hombre, y otro tipo con menos dientes que mi abuela hablaba no sé si con uno de los pasajeros o consigo mismo, pero a un volumen brutal y gesticulando mucho. Durante el trayecto pasamos por la zona más deprimida económicamente del estado de Nueva York. Mi recomendación: coged el alojamiento directamente en el complejo Niagara Falls, que es la zona turística.

Llegamos a Niágara y hacemos una especie de desayuno tardío o comida temprana en un sitio de hamburguesas y vamos en dirección al Puente del Arco Iris (Rainbow Bridge). No, no lleva a Oz ni a Narnia, sino a ese peculiar país que es Canadá. Pasamos el control sin ningún problema, nos ponen el sello canadiense en el pasaporte y cruzamos con unas vistas tremendas. A prori puede parecer decepcionante, ya que las cataratas se ven desde muy lejos y parecen como de los Pin y Pon, pero luego las veríamos de cerca... muy de cerca.

Hacemos la cola y subimos al Lady of the Mist (La Dama de la Bruma), uno de los barcos turísticos que acercan a las cataratas. Nos dan una especie de chubasquero azul bajo el cual, con transpiración cero, Carlos y yo empezamos a desfallecer. Y no sé para qué, porque al final terminé empapado. Eso sí: ¡mereció la pena! Si váis a Niágara hay que llevar camisetas de respuesto (y pantalones si se puede). La sensación de estar a escasos metros de la caída de agua es realmente impresionante. Cuando volvemos al embarcadero nos cruzamos con otro barco que empieza el recorrido y les saludamos al más puro estilo pre-escolar, pero riendo entre dientes: "No sabéis lo que os espera... con lo sequitos que estáis..."

Nos quedamos en la zona canadiense un rato más y luego volvemos a suelo estadounidense. Curiosamente, para volver a los Estados Unidos tienes que pasar un torno y pagar 50 centavos de dólar (vale tanto la moneda canadiense como la estadounidense). Esto nos indigna un poco, pero no dejamos que nos afecte demasiado y cambiamos la protección de la Reina Isabel II por la del Tío Sam.


Tras un descanso para Pablo y para mí (y una visita al lado estadounidense de las cataratas por parte de Adri, Carlos y David) nos vamos al autobús de vuelta a Buffalo. Y menudo viajecito. El autobús era como un freak-show ambulante, con gente fea y desagradable. Es más, en algún momento se nos debió de notar la pluma porque los freaks del asiento de atrás empezaron a cuchichear y a mirar sin disimular su asco. Y yo temiendo por mi integridad y viéndome perseguido con biblias, picas y antorchas.

A la vuelta a Buffalo volvemos a pasar por Main Street, que sigue tan desierta como antes. Es más: pasamos por un centro comercial que estaba abierto pero con todas sus tiendas cerradas. Momento pánico. Llegamos a pensar que estamos en un videojuego tipo "Resident Evil" y que los zombies (que seguramente se parecerían a nuestros compañeros de viaje en el autobús) saldrían de la siguiente esquina. Al final encontramos un Friday's y nos refugiamos allí, amparados por una de esas camareras súper-simpáticas: "Good evening, my name is Lucy and I will be waiting on you, guys".


Por la noche, tras armarnos de valor, Pablo, David y yo salimos por el pueblo fantasma en busca de un lugar donde tomarnos algo. Pues bien, en contra de todo pronóstico... ¡Buffalo tiene una marcha increíble! Toda la gente que no pudimos ver de día sale de noche (¿de sus ataúdes?) y Buffalo revive. El rollito que llevan me recuerda un poco a "la Jenny y la Sheila en el polígono de Polvoranca", con canis incluídos en coches tuneados. Pero incluso había un par de bares de ambiente. Animados por un camerero monísimo y descamisado pudimos decir "¡casa!" en la barra de un bar y tomarnos un "Sex on the Beach". Por cierto, que en Buffalo (que debe de ser el equivalente a Cuenca o Segovia, para entendernos) ¡tiene un grupo que hace el Rocky Horror Picture Show! En cuanto los Dramakuin vuelvan con la próxima temporada en Madrid se lo cuento...

Mientras, Adri y Carlos se quedan en el albergue con un conjunto variopinto de personajes que parecen sacados de una canción de María Ostiz. Espantados, se refugian en la habitación en menos de lo que se tarda en decir "Kumbayá, Señor". Por cierto que la habitación es muy grande y espaciosa, y la tipa de la recepción no nos cobra al final todo el suplemento por cogerla para nosotros solos.


Y tras esto, a mimir, que al día siguiente tenemos el viaje de regreso.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Viaje a Nueva York: Boston y la Revolución

Viernes 13 de junio

¡Qué bonito es Boston! Por la mañana, Adri y Pablo se van a ver el "barrio japonés", mientras que Carlos, David y yo nos vamos a ver el parque central de Boston (Boston Common), donde disfrutamos de una exquisita tarta de arándanos. Como no teníamos cuchillo para cortarla, la imaginación se impuso y terminamos cortándola con un blíster de ibuprofeno que Carlos tenía.


Más tarde nos reunimos con Adri y Pablo y nos dimos un garbeo por la ciudad. Cabe destacar que por entonces estábamos a una semana del Gay Pride de Boston. La ciudad entera estaba engalanada con banderas multicolor. Y lo que es mejor: las iglesias también. En esta foto podemos ver el eslógan: "Got Pride? Get blessed!" (¿Estás orgulloso? ¡Ven a bendecirte!).


En el estado de Massachussets, las bodas entre personas del mismo sexo están reconocidas, y tiene fama de ser una ciudad muy progresista en ese sentido. Y eso se nota en las iglesias, porque como sabéis la mayoría de los cristianos estadounidenses son de algún tipo de iglesia protestante. Y esas iglesias se configuran en comunidades, que son muy autónomas en su interpretación de la Fe. Y en Boston, la mayor parte de estas iglesias miran con buenos ojos a los homosexuales e incluso bendicen sus uniones. En esta otra foto vemos una badera gay y la frase que lo resume todo: "All welcome" (Todos bienvenidos).


Tras ver el ayuntamiento, que es tirando a feúcho, nos llegamos por Faneuil Hall Marketplace, que es una zona peatonal con puesto de mercadillo y... "El Café de Sam", una sucursal de la tienda oficial de Cheers. Allí me hago una foto con Norm y Carla.


Vemos un poco la zona más "colonial" de Boston y vemos la "ruta de la revolución", un conjunto de recorridos y establecimientos que conmemoran la Guerra de la Independencia, que empezó aquí mismo. Tras el Boston Tea Party, el cuartel general de los ideólogos de la revolución se estableció en una pintoresca tabera: El Dragón Verde.


Volvemos a callejear en dirección al Little Italy de Boston, que se encuentra al otro lado del puente Charlestown. La verdad es que tiene más "Italy" que el del NY, o por lo menos eso me parece a mí. Cruzamos un parquecito frente a la estatua de Paul Revere, que fue una especie de "correo" de mensajería de el bando independentista en la Guerra de la Independencia.


Tras esto descansamos en un parque frente al puerto (tomando un café con una tarta de queso) y nos movemos al estadio de los Celtics, momento en el cual mis pobres pies se rinden y me cojo el metro al albergue para echarme una siesta.


Llega la noche y nos cenamos una de esas pizzas que tanto nos han gustado (una de albóndigas y otra de salchicha). Luego nos vamos de juerga loca por Boston. Dimos con una especie de discoteca y allí estuvimos hasta no muy tarde. Cansados pero contentos nos volvemos al alberbgue (Adri, Pablo y yo en taxi; David y Carlos prefieren dar un paseo).

jueves, 14 de agosto de 2008

Viaje a Nueva York: Donde todo el mundo sabe cómo te llamas

Jueves 12 de junio

Como el Shuttle Bus no nos venía bien, quedamos en que cuatro de nosotros irían al aeropuerto en taxi a primera hora (buscando un taxi grande donde cupieran las maletas). Como Adri y yo dejamos una maleta en la consigna y nos llevamos la otra, pues uno de los dos era candidato a quedarse en el albergue, de modo que me quedé yo roncando como un bendito mientras esta gente llevaba el equipaje al aeropuerto. Tampoco es que me quedase mucho más, pero sí que gané una horita de sueño que me vino divinamente. Revisé la habitación y le hice una foto (para que veáis dónde estábamos metidos):

Cogí la maleta que me correspondía, hice "check out" y me fui para el metro en dirección a Penn Station. Tampoco había puesto hasta ahora fotos del metro de NY, que está un poco hecho polvo.

Sí, muchos me habéis dicho que no hago más que quejarme. Pero conste que no digo esto como "Oh Dios mío, que asco de metro" ni nada por el estilo. Es simplemente que me llamó la atención, porque nuestra red de metro viene a ser como la de NY y está mejor cuidada.


Pese a todo lo que he podido decir de esta semana en NY, es un ciudad que me ha cautivado. Es increíble, de verdad. No es sólo lo que tiene, la proporción y exageración... es la combinación de todo. Aquellos que no hayáis ido, no sé a qué esperáis. A ahorrar se ha dicho, y "vente pa niuyor, Pepe".

El tren lo cogemos sin que nos sobre el tiempo y disfrutamos de un recorrido por un paisaje precioso. Boston está al noreste de NY, atravesando Connecticut y creo que Rhode Island hasta el estado de Massachusetts. Durante el recorrido pudimos ver paisajes de cuadro como los de esta foto:

Una vez en Boston, cogemos el metro hacia el albergue, donde nos encontramos con una habitación espaciosa y cómoda, aunque sin baño integrado. Aliviados por las dimensiones y por la temperatura, que por fin es no sólo soportable sino que incluso agradable, nos agenciamos mapas de la ciudad y vamos a Fenway Park a ver el estadio de los Red Sox, no sin antes hacer una comida en un sitio especializado en bocadillos tipo "submarino". Allí tenemos el placer de tomar uno de los favoritos de Joey: un bocadillo de albóndigas.

El estadio mola, y más porque coincidimos en un día de partido. En un momento dado estamos tentados de comprarle entradas a un reventa, pero desechamos la idea pronto ya que ninguno de nosotros tiene ni idea de béisbol y sería más por lo anecdótico que otra cosa. Eso sí, lo que nos dijo la camarera de NY parece cierto, ya que hay un montón de gente viendo el partido.

Tras ver el estadio, nos dirigimos hacia las calles comerciales de Boston. Allí vemos que Boston es una ciudad muy, pero que muy bonita. Y muy pìja... Las calles tienen un aspecto de gente con pasta, un poco como el Barrio de Salamanca de Madrid, pero con más glamour.


Las casas, además, tienen todas la estructura Upstairs-Downstairs que tanto le emociona a David, que no puede resistir interpretarnos el "Gracias por venir" de Lina Morgan por una parte, y la típica escena de "despedida en la puerta-no sé si invitarte a pasar" de las películas americanas por otra.

Llegamos finalmente a uno de los lugares que más ganas tenía de visitar de Boston: ¡Cheers! Donde todo el mundo sabe tu nombre. Aquí está el bar original de la famosa serie. Nos hicimos, por supuesto, las fotos de rigor. No nos quedamos a comer porque era tirando a caro. Es lo que tienen estos sitios, claro... pero me hizo mucha ilusión.

Cruzamos el parque Charlie (que da nombre a un montón de cosas en la ciudad, entre ellas a unas tarjetas de transporte llamadas Charliecards) en dirección al albergue y allí nos echamos un rato hasta que Adri y yo decidimos que queremos salir un rato, así que nos fuimos a un bar en el que había muy poca gente y del que terminamos un poco aburridos. Estos bostonianos no parece que salgan mucho... aunque claro: es jueves. Cabe destacar la pinta que tiene el Parque de la Iglesia de Cristo Científico, que es una iglesia peculiar norteamericana con sede aquí en Boston y que creen entre otras cosas en el poder de sanación del hombre a través de la oración. El caso es que el parque es una delicia, con una especie de piscina en la que puedes ver las luces reflejadas. Muy bonito.

Llegó la hora de dormir (tras un bocata en una tienda tipo "deli") y duermo como hacía mucho que no dormía. ZZZZZzzzzzzzzzZZZZZ

viernes, 1 de agosto de 2008

Viaje a Nueva York: El MoMA y la despedida

Miércoles 11 de junio

El plan original era ir a Filadelfia, pero al final sólo fueron Carlos y David. Adri y yo nos quedamos en NY y he de decir que creo que fue la decisión más acertada. Al final dejó de hacer tanto calor y pudimos recorrer la 5ª avenida caminando y en bus sin fallecer en el intento. Ese día me reconcilié con la ciudad.

Adri, Pablo y yo nos encaminamos hacia la estación de Penn donde comprar los billetes del tren a Boston que cogeremos al día siguiente. Resultan más caros que lo esperado, pero bueno, problemas de última hora. Adri y yo vamos para el MoMA tras visitar algunas tiendas de la 5ª avenida. Pablo, mientras tanto, decide visitar de nuevo el Lower Manhattan.

El MoMA es una verdadera pasada. Menos mal que fuimos, porque lo disfruté como un enano. En las plantas superiores vimos lo mejor de Matisse, Chagall, Mondrian... y por supuesto Picasso. Todo un lujo para la vista. Destaco las siguientes piezas:

Las señoritas de Avignon (Picasso), que yo pensaba que eran de Avignon pero no, son de la calle Avignon, en Barcelona, que es donde se conoce que estaban las más reputadas casas de idem.

La noche estrellada (Van Gogh). Nosotros no pudimos verla porque precisamente el día anterior había salido de gira a otros museos. Mala suerte que tuvimos, porque David, que fue tres días antes que nosotros, sí que la pudo ver.

Los Tres Músicos (Picasso). Una maestra estaba con un grupo de 10 chavales de unos 8 años explicándoles el cuadro, lo cual me parece fascinante. Les decía que Picasso se había retratado en el cuadro, que si podían adivinar qué personaje era él. Cuando un niño sugería uno de los músicos, la profesora le preguntaba que por qué había llegado a esa conclusión. Me pareció muy didáctico. Picasso, según decía la profe, se retrataba en sus cuadros vestido de Arlequín. Si hay un arlequín en un cuadro de Picasso, es él.

La persistencia de la Memoria (Dalí). No me preguntéis por qué pero yo pensaba que este cuadro se llamaba Tempus Fugit. A saber de dónde lo he sacado

Chica Ahogándose (Lichtenstein). Todo un clásico para los que nos gustan los tebeos.

Latas de sopa Campbell (Warhol). Impresionante. Hay un montón de ellas.

En las plantas inferiores encontramos arte más moderno. No lo entendí todo, especialmente el video-arte, que siempre me da la impresión de que el artista se cree más listo que yo. Destaco una pieza que en la que una chica desnuda está bailando el hula-hoop con un círculo de alambre de espinos; y la colección de fotografía que es para quedarte sin aliento. ¡Ah! Y hay unos pasillos iluminados por una luz naranja que hace que cuando sales del ascensor pareza que te metas en una foto antigua. Genial.


Tras nuestra visita por el MoMA nos encontramos con Pablo. No, no es un decir... Habíamos quedado en Tiffani's para hacernos la típica foto mirando el escaparate (pese a no ser la hora del desayuno) y no sé por qué nosotros pensamos que era más abajo de la 5ª de lo que en realidad era. Mientras bajábamos, Pablo subía por la misma acera, así que tuvimos un momento "Por favor, cómo-tú-por-aquí, pues ya ves tú de compras" de lo más encantador.


Fuimos a comer al restaurante que hay debajo del Empire State, Heartland Brewery, donde nos dimos el capricho y pedimos una hamburguesa de carne de búfalo. La verdad es que el sitio es excelente, aunque bastante caro comparado con el resto de sitios de NY. Una de las camareras nos dijo que había autobuses aún más baratos que los de Chinatown hacia Boston, ya que ella era de allí y los cogía a menudo. Una lástima.

Tras dudar un poco sobre qué hacer, nos subimos a la terraza del Marriot Marquee a tomar un Cosmopolitan mientras vemos en su mirador giratorio de la planta 48 unas vistas de NY que merecen la pena completamente. IM-PRE-SIO-NAN-TE.


Nos encontramos con Carlos y David en Union Square y yo me voy al Nederlander Theater a ver Rent. ¡Una pasada! Ya la había visto en Madrid dos veces (en español, obviamente) y poder verla en inglés y en Broadway fue una experiencia inolvidable.


De hecho, me hice una foto con la actriz que hace Maureen Johnson a la salida.


Cuando salí del teatro, volví al albergue y allí intentamos llamar a un Shuttle Bus que nos llevase al día siguiente al aeropuerto para dejar unas maletas en la consigna. Así podríamos viajar más ligeros a Boston y Buffalo. Al final lo del Shuttle Bus no podía ser porque pasaba a recogernos unas 5 horas antes de lo necesario, de modo que decidimos que por la mañana Adri, Carlos, David y Pablo van a coger un taxi y yo me encontraré con ellos en la estación de tren.

Además, resulta que a las 00:00 se ponía a la venta el pack PS3 con el Metal Gear Solid 4, de modo que estuvimos deambulando por la noche y mientras unos llamaban al Shuttle Bus, Carlos y yo llegábamos al Virgin Megastore 5 minutos antes de la hora para llevarnos el último pack para Pablo. En el proberbial justo a tiempo.

Nos despedimos de la ciudad desde la azotea del albergue un poco nostálgicos y nos vamos dormir.

lunes, 28 de julio de 2008

Viaje a Nueva York: Un día en Washington DC

Martes 10 de junio

Nos cogemos un bus de los chinos a DC. Resulta que los chinos son unos espabilados y montan trayectos en bus por cuatro perras comunicando NY con ciudades como Baltimore (Good Morning, Baltimore!), Boston, Pittsburgh, Filadelfia... En realidad comunican un barrio chino con otro de otra ciudad.

El viaje fue un poco desastroso, la verdad. Para empezar nos confundimos de calle para ir a coger el bus. Y es que la calle East Broadway no tiene nada que ver con Broadway. Y el calor, como siempre, terminándolo de arreglar. Todo el barrio chino apestaba a comida podrida y encima estábamos a casi 40 grados. Un ataque de nervios más tarde estábamos haciendo tiempo para coger un autobús a DC que, según nos decían, salía a las 9:30. Luego, al ver el horario de autobuses, vimos que salía a las 10:00, con lo que le pregunté a la china que nos había vendido el billete que a qué hora salía en realidad. Me confirmó que a las 10:00, y cuando le pregunté que por qué nos había dicho que a las 9:30 la muy hija de puta decía que no, que ella no había dicho eso: "Someone said 9:30", decía la muy cabrita. Y es que hay varias "compañías" de buses chinos que se hacen la competencia y nosotros le compramos el billete a la primera que nos lo vendió, sin mirar más, porque pensamos que ése era EL bus de Washington DC. Y la tía, para "cazarnos", nos dijo que salía media hora antes.

Esto me confirma que los chinos son unos chorizos de cuidado. Más que el neoyorquino medio, que ya es decir. Y son unos gorrinos. Esto lo podéis comprobar si váis a cualquier "Chinatown" de EE.UU. donde veréis cómo los chinos se urgan en la nariz tranquilamente y delante de todo el mundo para buscar petróleo. Un asquito, oiga.

Cuatro horas de viaje con el Aire Acondicionado a todo meter (aunque prefiero eso a asarme) y llegamos a DC justo a tiempo para comer en un Subway y empezar a ver las atracciones turísiticas a 40 grados a la sombra. De momento lo sobrellevaba, porque el calor era seco. Más tarde el calor se volvería húmedo... tan húmero que me daba la impresión de estar ahogándome en el Potomac en lugar de estar visitando el Mall.


Todas los monumentos están localizados en lo que ellos llaman el Mall, que en el mapa parece abarcable pero que en realidad tiene dos millas de ancho (unos tres kilómetros y pico). Nosotros accedimos al Mall a la altura de la Casa Blanca (1600 de Pensylvania Av). Nos hicimos las fotos de rigor y caminamos hasta el monumento a Washington (O sea, el falo gigante con forma de lápiz) y de ahí al Monumento a los Caídos en la Segunda Guerra Mundial, frente al Reflecting Pool.


Sobrevivimos al sol de justicia gracias a unos paraguas que llevamos. Igual estábamos ridículos, sí, pero chico, así no nos daba el sol en la cocorota.

El Lincoln Memorial lo vimos ya de lejos, e incluso cogimos un taxi para que nos llevase por la Avenida de la Constitución hasta el Capitolio, ya que estábamos reventados. Una cosita: en DC, los taxis tienen un suplemento por cada persona que se sube, de modo que a veces no compensa tanto como uno cree. El taxista nos llevó a los cinco, pero nos cobró 7 dólares de bajada de bandera el muy pirata.

Estábamos demasiado desfallecidos como para pelearnos, de modo que al llegar al Capitolio decidimos hacer una horita de descanso en el césped. La verdad es que una vez allí no se estaba tan mal, aunque de nuevo teníamos la humedad al 90%.


Al caer la tarde nos dirigimos al mismo sitio donde nos había dejado el autobús y de vuelta a NYC. Por el camino hubo tormenta, aunque mis deseos de que refrescase el ambiente no se cumplieron. Nos bajamos en Times Square y en metro al albergue. Esta vez se impone el sentido común y ponemos el aire acondicionado para dormir. Recuerdo acostarme y nada más, aunque en algún momento debí de taparme con la sábana... ¡Qué gustazo, oiga!

martes, 22 de julio de 2008

Viaje a Nueva York: La Estatua de la Libertad y el Lower Manhattan

Lunes 9 de junio

¡La Estatua de la Libertad!

Excursión matutina a Battery Park y paseo en ferry a la Estatua de la Libertad y Ellis Island (nosotros no fuimos a Ellis, aunque Toni sí).


Resulta que desde hace tiempo no se puede subir arriba del todo (desde el 11-S, aunque los conservadores del monumento insisten en que no está relacionado lo uno con lo otro) y sólo se puede subir al pedestal, aunque para eso hay que solicitar un pase ya que el número de visitantes está limitado. Nosotros no llegamos a tiempo, de modo que nos conformamos con verla desde el suelo.


Nos hacemos las fotos de rigor tanto desde el ferry como una vez allí, aunque yo opto por quedarme a la sombra maldiciendo el calor (máxima para la temporada desde los años 30, no sé si lo he comentado...). Eso sí, no me canso de admirar la silueta de NY (el archifamoso "SkyLine").



Conseguimos no deshidratarnos y llegar sanos y salvos de vuelta a Battery Park, y de ahí a ver Wall Street. En realidad sólo queremos ver el toro de la Bolsa y tocarle las pelotas (que es lo que hace todo el mundo), pero David encontró maneras más ingeniosas de tocar el monumento.


Comemos en un McDonald's de lo más atípico. Resulta que como es el McDonald's de Wall Street, lo ambientan con una pianista tocando el piano para dar ambiente. De verdad, no es coña. Y tras recuperarnos un poco, Adri y yo decidimos que es el momento de hacer compritas. Nos vamos a Century21 mientras que los demás se van a Central Park un rato más. En Century21 compramos ropa para aburrir a un precio de risa. Es lo que tiene NY con el cambio a favor.

Cuando volvemos al albergue, compro un protector solar una crema de Áloe Vera porque nos hemos achicharrado esta mañana. En el ferry y en la isla había poca sombra, de modo que hemos terminado todos quemados. Tampoco ha sido brutal (Adri un poco más que los demás) y gracias a la crema de Áloe, tampoco molesta demasiado.

Y... ¿Lo adivináis? Pues efectivamente, otra noche que no pego el ojo. El agotamiento me atonta un par de horas, pero es lo máximo a lo que puedo aspirar...

martes, 15 de julio de 2008

Viaje a Nueva York: Harlem y Uptown

Domingo 8 de junio

Nos despertamos un poco como podemos y nos encaminamos a Harlem para ver si podemos escuchar una misa gospel. Buscamos concretamente la Abyssinian Baptist Church, que es la que recomiendan todas las guías. Harlem es un lugar curioso, y se nota un montón la diferencia con Manhattan. Está sucio y mal cuidado, sí, aunque no es un lugar como para salir corriendo.

Tras perdernos y encontrarnos, damos con la iglesia en cuestión. Vemos que hay una cola de morirse para entrar, y que los responsables de la iglesia nos echan hasta de la acera. Más resignados que indignados, decidimos buscar otra iglesia menos conocida donde nos dejen asistir como turistas. Me gustaría reseñar que en el recorrido de la cola que hacen hacer a los turistas, te venden de todo: sandías, aguas, imágenes... y hasta CDs de gospel. No es por nada, pero no podía evitar acordarme de aquello de "Ésta es la casa de mi Padre, y vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones" (Marcos 11-17).

Terminamos en una iglesia metodista en la que se celebraba la graduación de los miembros de la comunidad. CUALQUIER graduación. Se celebraba que un niño había aprobado el curso, que una señora de treintaytantos había aprobado el graduado escolar, que un ejecutivo había terminado un MBA... La verdad es que a mí me dejó alucinado, porque estas iglesias pequeñas tienen un sentimiendo de Comunidad que me llama mucho la atención. Terminamos escuchando gospel, sí.

Tras la aventura religiosa del día, volvemos a Manhattan para ver el Museo de Historia Natural. Este museo es increíble, como casi todos los de la ciudad. Además, es donde se supone que trabajaba Ross :D. Destaco la colección de fósiles de dinosaurio, que se te va la olla.


Un detalle sobre este museo. En EE.UU. los museos son privados, como casi todo. Cuando uno quiere entrar, le cobran una entrada con un precio que es una DONACIÓN VOLUNTARIA, aunque tiene un baremo establecido ($15 si la memoria no me falla). Si bien es voluntario, lo suyo es pagarlo, porque sólo mediante las aportaciones de los visitantes se mantiene el museo. ¿Por qué una donación voluntaria y no una tarifa? Pues porque lo que hay dentro del museo es patrimonio cultural importantísimo, y la idea es que no te quedes sin verlo si no te puedes permitir el precio de la entrada. Esto no quiere decir que la entrada sea gratis, ni muchísimo menos, pero este sistema permite la entrada a quienes no pueden pagar esa tarifa.

Tras ver el museo, comemos un perrito caliente en Central Park. Además, yo me pido un Pretzel, y me doy cuenta de que los neoyorquinos deben de tener la tensión por las nubes, porque es básicamente como pegarle mordiscos a una roca de sal. Aún así, está rico, aunque no para comerse uno entero.

Carlos, David, Adri y yo nos quedamos un ratito más por Central Park mientras que Pablo va a recorrerse todo el parque y el Upper West Side haciendo un recorrido. Adri y yo cruzamos el parque por el lado corto para llegar al Metropolitan Museum. Aún no sé cómo llegamos (porque el calor era insoportable, de nuevo) pero lo hicimos de puta madre, porque salimos justo a la altura del Metropolitan. ¿Por qué era esto tan imporante? Pues porque como ya comenté, ese día era el Día de Puerto Rico, y estaba la Quinta Avenida cortada con un desfile y atestada de puertorriqueños pasándoselo bien. Y si no hubiésemos salido a esta altura, igual no habríamos podido ver el Metropolitan.

En el Metropolitan nos interesaba principalmente una colección en la que se pueden ver los trajes de superhéroe originales de las películas y una serie de diseños inspirados en ellos, realizados por diseñadores como Jean Paul Gaultier, Giorgio Armani... El resto, hasta que cerraron, lo empleamos en ver algunas colecciones de escultura clásica, para gran deleite de Adri, y un templete egipcio, el Templo de Dendur.

Nos reunimos con todo el mundo en Gran Central, la estación de ferrocarril principal de la ciudad, junto con Penn Station. Allí vemos la bóveda decorada con los símbolos zodiacales y astrológicos y recordamos la cantidad de películas en la que hemos podido ver esta estación. Desde aquí vamos como al edificio Chrysler, aunque Adri y yo estamos muy cansados y decidimos volver al albergue mientras que Pablo va hacia el edificio de las Naciones Unidas.

Y otra noche igual. El calor me saca de la habitación y me vuelvo a dormir en el lounge. Al parecer, estoy creando una tendencia, porque hay otra tipa que también está haciendo lo mismo que yo. Lamentablemente, ronca como una locomotora. Supero mis tendencias homicidas y consigo dormir un par de horas.